LUIS CANELO - GALERÍA ÁLVARO ALCÁZAR


Entre tubos de ensayo, pipetas y placas de Petri nos imaginamos a Luis Canelo (Moraleja, Cáceres, 1942) cuando realmente duerme todas las noches sobre un lecho de libros de Hegel, Nietzche, Descartes y los presocráticos como almohada. Sin embargo no conviene saber que su pasión por la filosofía es la base neutra sobre la que prepara el lienzo. Es preferible enfrentarse por primera vez a sus cuadros con total desconocimiento. Unos verán imágenes aumentadas de células, ectoplasmas, microsistemas y demás habitantes diminutos e inquietos. Otros, piedras, hierro, tierra, agua, vegetales y larvas. Un caldo de cultivo sobrepoblado delimitado por el círculo y el cuadrado, siempre amorfo pero siempre evidente.
Autodidacta, y al dictado de una imagen original, lleva moldeando una misma estética desde décadas, sin arrimarse a corrientes pasajeras y sin contestar a las preguntas incorrectas. Su desempeño en el laboratorio, desde que “pasara” por el grupo “El Paso”, no ha desviado su atención hacia lo primordial y lo vivo.
Canelo somete al microscopio el misterio del arte, como quien somete al sospechoso al haz de luz de una lámpara, y disecciona sus obsesiones. Aplica vida allí donde no existe e inmortaliza el más pequeño de los segundos, aún así el más vital e importante de todos. Son obsesiones telúricas: sin ir más lejos, con la piedra. De este elemento muerto parte su universo.
También este científico loco, estudioso del cromatismo, armoniza las sustancias, arenas y el ejército de seres invertebrados sobre la superficie, conquista el espacio con el peso de los colores y el equilibrio del relato. Porque narra todo un ciclo de vida sin llevarnos por carreteras secundarias, sujetando lo esencial con pinzas. Sabe que solo con filosofía no se atrae al ojo que está tras la lupa.
Luis Canelo no trabaja a partir de fotografías, sino de memoria y desmemoria, con recuerdo y éxtasis. Nosotros, el ojo que está tras la lupa, podemos intentar ver, o mejor, sentir, más poderosamente el flujo interno de la pintura si cerramos el párpado, y después, tras unos segundos, lo volvemos a abrir. Leer más...

ERIK SCHMIDT- GALERÍA SOLEDAD LORENZO


Cuadros tridimensionales por los pegotes de pintura que salpican la superficie. Un extremismo cromático que visto desde cerca golpea la retina del espectador.
Desde la distancia adecuada, los colores forman luces, sombras y matices, con una técnica deudora del fauvismo y el impresionismo. Una vez enfocado el lienzo, uno concluye que lo que se esconde tras las gruesas pinceladas de azules, rojos y verdes son escenas de caza, algunas pobladas y otras deshabitadas, pero todas ellas estáticas (en contraposición con el dinamismo del trazo). Invernales, otoñales y veraniegas, todas encierran un aire de suspense irresoluto.
Damos un descanso al iris con la proyección del vídeo “Hunting Grounds”. Un cortometraje que describe una historia, pero sin diálogo alguno. Comienza con una cena de postín, servida para elegantes y repeinados personajes, imbuidos en conversaciones que no escuchamos. Tan solo algunos detalles (el tintineo de unos pendientes, una risa) son audibles, los demás queda oculto bajo una música de jazz. Asistimos a algo parecido a un anuncio comercial de un producto de lujo, a una representación hueca de contenido, sospechamos que intencionadamente.
El relato avanza y nos encontramos con uno de los personajes de la cena perdido en un bosque en el que se va a realizar una batida. Uno de los cazadores le encuentra (otro de los comensales del banquete) pero en ese momento una inoportuna confesión provoca una persecución entre ambos. El juego confuso, la metáfora del cazador cazado, la contraposición de la imagen de la pelea entre los dos personajes y los perros que alcanzan la presa, la acción cinegética descontextualizada son los platos del menú del festín, que se retoma al final del vídeo. El plato principal, como no, es la carne de la caza.
Tras el centrifugado aplicado al elitista mundo representado, uno vuelve a visitar los cuadros con otra mirada. Entendemos entonces la verdadera intención de Eric Schmidt: una mutación perversa y profunda de las convenciones sociales. Sin embargo tanta descontextualización provoca en la mente del espectador un aire de suspense irresoluto.
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ARTE WEON

(La versión previa a la publicada en la Revista Lápiz)
Efectivamente. Este es un nuevo e innecesario artículo sobre la producción artística de unos jóvenes creadores seleccionados bajo presupuestos errados. Agrupados entre estas páginas por provenir de un mismo país, Chile, como si ello significara un nexo común, y por su edad, como si se justificara así una única seña de identidad.
Con este artículo ni pretendo ser el Marcelo Bielsa (seleccionador del equipo nacional de fútbol) del arte chileno ni sugerir que todos los nuevos talentos de allí constituyen una generación unitaria. Siendo esta introducción una perogrullada, que cito por los habituales despistados, tampoco es la revolución francesa afirmar que hay circunstancias, políticas, económicas, sociales y geográficas, que impregnan la mayoría de las obras de las nuevas creaciones este volcánico país. Cualidades que se enfrentan a la globalización, esa cosa que actúa como un manto de lava que avanza y destruye las identidades nacionales. Aspectos que los diferencian del resto de los países.
El arte contemporáneo en Chile tiene un prólogo, fu
gitivo pero indeleble. En este país, independiente desde hace 200 años, tan alargado como un italiano (el perrito salchicha de allí), y aislado por el océano pacífico al oeste y al este por Los Andes, los artistas han tenido que ingeniárselas para darse a conocer al exterior, y también para conocer lo que ocurría fuera. Unos pocos lograron superar esas barreras, como decimos, geográficas, políticas, y también psicológicas. Lo malo es que una vez vieron su nombre salir de las fronteras, rara era la vez que regresaban a su país natal; así algunos citan a Roberto Matta más como foráneo que como nativo. Hace unas décadas, la situación del arte contemporáneo, a pesar de excepciones como la de Matta, no era nada halagüeña; no existía estructura para gestionar o exponer el nuevo arte. La cultura de arte contemporáneo era nula; el joven artista Papas Frita no tiene pelos en la lengua; “nadie puede decir que quizás hasta nació un Duchamp en Chile, pero que terminó siendo aceptado como un inútil y sus obras fueron utilizadas para lo que eran originalmente, y así aquel famoso urinario se transformó en un urinario, y aquel futuro y brillante artista de vanguardia jamás existió”.
Una generación más comprometida, coetánea de la dictadura de Pinochet, es la llamada “Escena de Avanzada”, compuesta por Eugenio Dittborn, Carlos Leppe o el grupo C.A.D.A, entre otros. Tal y como afirma la artista Francisca García, “ampliaron los sistemas de producción y códigos en el Arte Contemporáneo”, y sentaron un precedente para los futuros artistas chilenos. No en vano, muchos de los creadores activos en los 60, 70 y 80 son ahora docentes de arte en escuelas y universidades.
La brecha, poco a poco, se abre, y por allí alzan la voz nombres como Alfredo Jaar, Bernardo Oyarzún, o más recientemente Mario Navarro. La situación, sobre todo comparada con los países vecinos, es optimista, aunque la red que sustenta el arte chileno no es aún tan segura como podría serlo. El mundo artístico es reflejo de la situación social; a pesar del repunte económico que se ha vivido en Chile en distintas etapas (finales de los 70, mediados de los 80 y principios del 2000) el reparto sigue siendo muy desigual. La afirmación de que Chile es el país más próspero de su entorno tiene truco; mucha gente está endeudada hasta las cejas. Los estudios de arte son avanzados, si los comparamos a los del resto de las naciones sudamericanas, pero, al igual que en todas las carreras, existe una excesiva dependencia del “título universitario”. Son estudios caros, así que la primera criba, la económica, es obvia. El mundo del arte en Chile es muy elitista. Los artistas suelen ser personas provenientes de buena familia (con apellido extranjero), pero no por ello de mentalidad perezosa. La selección de artistas que he escogido tenía de 5 a 20 años durante el periodo dictatorial de Pinochet; su conciencia tiene algo no de venganza ni de rabia, pero sí de responsabilidad social y de compromiso ético.
Sobre la estructura cultural, vemos grandes deficiencias. A la esc
asez, salvo megalíticas obras vacías de contenido producto del delirio de Pinochet, de contenedores del último arte del país, la sustituyó una actual oferta más que irregular. A la falta de identificación de los museos, que optan para captar la atención por el museo-espectáculo, por la explotación de las dos o tres vacas sagradas del arte chileno, le sigue una despreocupación por la calidad del proyecto expositivo, con un breve ejército curatorial.
“No sin mi Fondart”, es mi cinematográfica propuesta para resumir el sentir de los artistas chilenos. La Fondart es una ayuda pública por la que pasan casi el 100% de los artistas que hoy en día tienen un nombre. Sobre las ayudas públicas, los artistas muestran división de opiniones; los hay a favor, como Iván Navarro; “creo que para un país como Chile es bastante, muchos artistas pueden hacer su obra gracias a las becas. Obviamente
nunca es suficiente, pero no esta mal comparado con otros países que no tienen ayuda estatal para los artistas”, o Nicoykatiushka; “después de vivir cinco años en Estados Unidos y uno en China, puedo decir con seguridad que las dos potencias más grandes del mundo tienen mucho que envidiarle a Chile en lo que se refiere a fondos públicos destinados al arte”. Y también hay quien es más escéptico al respecto; “estos apoyos siguen planteados de una forma bastante burocrática y formalmente conservadora”, afirma Nicolás Grum, “me parece insuficiente la ayuda para la cantidad de artistas e iniciativas que existen”, según Francisca García.
El artista Víctor Castillo pone de relieve otra problemática derivada de estas ayudas públicas; “esta el eterno problema de los “pitutos” o favoritismos. Así una persona que no cuenta con conocidos dentro del jurado o no cuenta con el apoyo de alguna in
stitución de arte, lo tiene muy difícil y como suele suceder cada año postulan cientos de personas que de ante mano tienen muy pocas posibilidades, sin importar la calidad o vialidad de sus propuestas”.
Vista la situación, algunos buscan ampararse en el sector privado…Pero aquí la unanimidad es rotunda; “tenemos una empresa privada cobarde y en este país neoliberal por excelencia, eso no es bueno”, afirman tajantes Nicoykatiushka.

El gobierno ha intentado mejorar la inversión privada del arte, con propuestas como la Ley Valdes (ahora denominada Ley de Donaciones Culturales), que exime de ciertos impuestos a empresas que apoyen económicamente proyectos de educación y cultura. Esta ley no ha obtenido el respaldo esperado y la empresa privada sigue ajena al mundo artístico chileno.
Cabe preguntarse las causas. Cuando el potencial privado de un país decide no apostar por el desarrollo cultural es por algo; no es negocio. Y no es negocio no sólo por la desaparición de una retribución económica, sino por que ni siquiera existe una remuneración en imagen.
Hay que ser críticos; no hay espectadores. Tan solo una minoría selecta muestra interés por el arte. Gran parte de la culpa la tiene el modelo educacional, que no estimula el interés de los estudiantes en desarrollar su faceta cultural. El gobierno no incentiva el desarrollo instructivo desde los colegios.
Plaza de Armas, Santiago de Chile. La Catedral Metropolitana se ve reflejada en un moderno edificio colindante. Los turistas se mezclan con los comediantes, grupos de música, caricaturistas y canutos (los oradores sin carnet de allí) que pronostican el Apocalipsis bajo un sol de justicia. Decenas de kilterriers (perros abandonados de allí) observan sin interés todo ese ruidoso circo. La falta de alimento hace que tengan que administrar sus energías; la mayoría se pasan el día durmiendo en las calles.
Los perros huérfanos (sin demasiados referentes artísticos de calidad), sin techo (sin una estructura coherente y de calidad que albergue lo nuevo), que resisten al sueño (de abandonar su vocación) son los jóvenes creadores de Chile. Algunos se acercan a la comida preparada para pasar a tener un dueño (La Fondart estatal) y otros aprenden a cazar donde la comida abunde. No son ajenos a lo que los rodea, y en muchos casos, su arte es reivindicación y es rebeldía.

En el terreno de lo simbólico se mueve el Colectivo O-INC. Un grupo de jóvenes artistas que desarrollan sus obras fundamentalmente en espacio público. Realizan instalaciones y performance con una intención provocadora, intentando involucrar activamente al espectador. El proyecto que desarrollaron en el desierto de Humberstone es realmente impactante. Colocaron sobre la arena, al lado de una oficina salitrera abandonada, un bocadillo de cómic gigante. Desde una vista aérea, sorprende e invita a la reflexión, por partes iguales, observar como la antigua oficina dice “Esto no es América”. En otro trabajo, organizaron un combate de boxeo entre dos púgiles profesionales, ambos disfrazados de Papá Noel. A base de golpes directos, introducen la ironía en su particular universo artístico.
Como ocurre en otros países, la mayoría de los artistas emergentes chilenos no se conforman con centrarse en una única técnica, investigan con el vídeo, la instalación o la performance sin ningún prejuicio.
Norton Maza (1971), el más veterano de la selección, es un artista político que ha realizado sus estudios en Francia y Cuba. Político en el sentido en que su trabajo no es imparcial, aunque también en el sentido estricto de la palabra; muchas de sus obras están enfocadas a la denuncia y a la crítica, sobre todo de los esquemas sociales de la actualidad. Sus materiales preferidos son el cartón y la madera, y con ellos construye maquetas a tamaño real y a escala. Su obsesión es la deconstrucción de los objetos reales, realizando varias de sus partes en los materiales antes citados y el resto con los materiales reales. Relativiza así la importancia de los mismos, la ilusión de vivir una vida falsa, donde los juguetes son piezas de atrezzo y las ciudades decorados. Dispara entre ceja y ceja al sueño del poder, del consumismo y del aceptado modo de vida posmoderno. Corazones de barro o de hojalata de los que brotan sentimientos defectuosos, viviendas de cartón piedra habitadas por actores ignorantes de que lo son (¿tendrá a “El show de Truman” como referente?), maquetas de ciudades en miniatura que sufren un cataclismo al que no faltan un Bush de juguete o un Papa en plan Godzilla. Su rebeldía pierde veladuras en obras como “La realidad desramada sobre las cosas”, donde una bella mujer aparca su coche de cartón frente a la embajada de Francia en Chile.
Desde la trinchera también trabaja Nicolás Grum (1977), otro guerrillero artístico de conciencia despierta. Su punto débil es la incoherencia entre unas obras y otras, la falta de una identificación común. Errores, por otro lado, lógicos en un artista de escasa trayectoria. Los suple con un concepto despreocupado, valiente y original. “Orden y patria”, por ejemplo, es una cómica revisión de la realidad, en la onda de los montajes de Norton Maza; una furgoneta de los carabineros (la policía chilena) construida de cajas de cartón que se desmiembra tras chocar con la columna de una sala de exposiciones. De su heterogénea evolución también destacaría sus “manchas”, que no es más que eso, pegotes de pintura sobre las blancas paredes de los espacios expositivos, una broma que intenta desacralizar el carácter los divinos museos.
También tiene mucho en común con nuestra siguiente seleccionada; Marcela Moraga (1975). Representa aquí la presencia de las mujeres en el ámbito cultural de Chile, pero muchas otras merecen un lugar prominente (sin ir más lejos, Carolina Ruff, Mónica Bengoa, Isidora Correa o Francisca García). Moraga es una nómada por convicción, que ha dejado su arte mutar en Cuba, Andorra, Holanda, Alemania, Rusia o Serbia. También en su caso su obra tiene un mensaje, y quiere que éste se incruste en la conciencia del espectador. De ideología orgullosamente marxista, sus propuestas son una lucha constante por el despertar de la mentalidad colectiva. De sus trabajos llaman la atención, por ejemplo, la intervención "Ich existiere nicht" (“Yo no existo”). Marcela Moraga conoce las nuevas vías de expresión callejera y las adopta a su manera; la sentencia en cuestión está inscrita en un sticker (pegatina) que coloca encima de un cartel publicitario. La contradicción es clara cuando ves una imagen por la calle de Beyoncé anunciando su concierto bajo la frase “Yo no existo”.
Esta reflexión sobre la ficción es también explorada en su obra "La vida es un gran cine (T-Online)", donde sitúa una cámara de vídeo grabando de forma continuada en el metro. La coloca enfrente de la cámara de seguridad, en una absurda lucha de igual a igual. Sensacional es también su idea, de nuevo con la tesis sobre lo artificial en juego, de colocar una cabeza de playmobil en un niño callejero de carne y hueso. La imagen del niño-playmobil rodeado del resto de sus amigos es tan cómica como perturbadora y desasogante.
También rebuscan con maliciosa sonrisa por entre las cajas llenas de los mutilados juguetes de la infancia artistas como Mauricio Garrido (1974), Pablo Ferrer (1977) o Jorge Cabieses (1978), quien también desarrolla un arte pictórico similar a las angustiosas imágenes de Ignacio Gumucio (1971).
Para muchos, el irreverente Víctor Castillo (1973) es la cabeza visible de la generación chilena. Residente en Barcelona, Castillo utiliza todo su background (las series televisivas que veía de pequeño, la música que escucha, el cómic, el cine…), lo digiere sin ningún tipo de aderezo, y lo vomita en forma de monstruos espeluznantes y alucinantes, de sacrilegios, desafíos y variadas repelencias. El sexo, la corrupta juventud, el poder, la religión, las convenciones sociales o la política absolutista son sus víctimas. Ha desarrollado un precoz estilo propio que le distingue del resto, algo que le diferencia además de la mayoría de colegas de oficio de su edad. Castillo practica la performance, pero sobre todo, es reconocido por sus graffitis sobre pared o sus acrílicos (de estilo graffitero) sobre lienzo. Se inspira en el cómic (a veces en su vertiente gótica) para crear personajes inocentes, infantiles, similares a los personajes de Disney, a los que añade ciertas actitudes diabólicas o caracteres inusuales, el más habitual, una salchicha en lugar de nariz. Una intervención que bebe de las peores intenciones de Paul McCarthy o Manuel Ocampo. Castillo es capaz de rellenar las paredes de toda una sala expositiva con sus pequeños relatos o fábulas, en los que una dulce niña juega con una rata muerta, otros dos repeinados infantes posan frente una pila de intestinos, u otras dos adorables niñitas se trasladan en un carrito con dos misiles. Sus añadidos a grabados antiguos recuerdan a las travesuras de los Hermanos Chapman, como la escena de una catedral que él recicla y hace estallar contra el campanario un objeto volador no identificado. Bueno, sí, una gigantesca cruz invertida.
En una selección de arte chileno no pueden faltar los hermanos Navarro. Además de compartir el mismo ADN, comparten algún dogma que otro. Me centraré en la trayectoria del más joven, Iván Navarro (1972), sin ser la obra de Mario desmerecedora de atención. Iván es un Dan Flavin con conciencia política. Trabaja con luces de neón, pero sus obras no quieren ser decoraciones u obras de carga solamente estética. Comenzó como ayudante de mueblista, lo cual le marcó a la hora de afrontar sus esculturas artísticas, y ahora reside en Nueva York, compatibilizando su faceta expositiva con la de músico. Sus juegos visuales que multiplican el reflejo del neón bajo los pies del espectador recrean un abismo existencial provocado por los antecedentes históricos que le tocó vivir (su familia fue directamente afectada por la dictadura). Sus sillas de neón, lejos de pretender ser un mero objeto de luz, son una recreación de uno de los juguetes preferidos en la dictadura pinochetista; las torturas en las que se usaba la electricidad. Su última creación es sin duda la menos disimulada. Bajo el título “¿Dónde están?”, instaló en el Centro Cultural Matucana 100, en Chile una colosal sopa de letras donde aparecen 332 nombres y apellidos; son colaboradores civiles y militares de Pinochet, la mayoría todavía hoy, siguen sin ser juzgados. De hecho hay senadores y diputados herederos de la anterior época.
Menos comprometidos con el doloroso pasado son Nicoykatiushka, pareja artística (y sentimental) compuesta por Nicolás Arze (1978) y la neoyorquina Katiushka Melo (1977). Su proyecto es global en el sentido en que unen danza, vídeo-arte y vestuario. Su obra más representativa has la fecha es “The Apartament”; una montaje audiovisual en el que ambos recrean escenas de intimidad de forma teatral, impersonal. Una dramaturgia extraña que, a pesar de ser una filmación de una situación de pareja, no desliza en ningún momento el menor poso romántico, desbarata todos los manidos clichés cinematográficos. En ocasiones, partes de la imagen son sustituidas por pantallas de televisión que recrean las facciones que faltan. La interferencia con lo real y de nuevo la necesidad de discernir entre lo que es ficción y lo que no se dan de la mano en un producto que recuerda a las filmaciones de Andy Warhol.
Menos complicado y desde luego, más directo es el siguiente invitado. No aparece aquí por su calidad, y ni siquiera por su currículum. Pero tampoco por casualidad; Papas frita (1983) es el arquetipo del artista gamberro. Autodidacta, residente en el proletario barrio de San Miguel, se las ha ingeniado con sus cuatro pesos para llegar a exponer en el principal museo de Chile. A dicha exposición se la podría titular “Cómo reventar un museo desde dentro”. Durante los meses que allí estuvo, acometió una especie de permanente performance, parte improvisada, parte obra de los espectadores, en la que no dejó títere con cabeza. Fue el centro mediático del país; se tatuó el sello del gobierno chileno en la espalda e instó a quien quisiera a darle latigazos en el mismo, hizo una pequeña muñeca con la cara de la ministra de cultura y lo lanzó al río Mapocho, llenó de pintadas todas las paredes de la sala y por si no fuera poco, recreó al director del museo y, delante de él y sin previo aviso, lo “suicidó” sobre el suelo del edificio. El acabado de sus obras es, por su incapacidad económica, francamente mejorable, y por su radicalidad y su falta de diplomacia se ha ganado la enemistad de muchos, pero la suya es otra batalla. Su discurso es social y político, y sus obras, más que artísticas, son bofetadas, tanto a la gente que quiere disfrutar plácidamente de unos cuadros colgados en un museo como a los gestores de los mismos. Su misión es incordiar, y vaya si lo consigue.

Junto con el ínclito Papas, también quisiera citar en esta lista a otra prometedora creadora, antítesis de la propuesta del anterior. Victoria Jiménez (1982) aún no tiene un nombre en Chile, pero su interesante y filosófica obra merece un apartado; reconstruye obras icónicas de la historia del arte de carácter religioso en pequeños mosaicos cuyas teselas son pequeños trozos de celofán negro. Su arte se convierte en urbano al colocarlos en emplazamientos con un sentido buscado; por ejemplo, una copia de la “Última Cena” lo sitúa delante del comedor público de la Iglesia Recoleta de Santiago, el “Juicio Final” lo traslada al patio de una cárcel y una “Crucifixión” va a parar a un antiguo hospital. Su sentido metafórico, de la devolución de obras renacentistas a los lugares para los que originariamente habían sido concebidos, abre un debate sobre el destino del arte y como no, la causa.
Esta abrupta selección, el arte weon (el palabro más pluriempleado de Chile, una deformación de huevón), de la que ya me estoy arrepintiendo (muchos más nombres deberían figurar en ella), indica lo que comentaba al inicio; no existe un nexo común generacional, pero sí varios aspectos que unen la estética de estos jóvenes artistas. Arte que llamo Weon no con intención ofensiva, sino lo contrario, weon por ser un arte comprometido, weon por insurgente y sobre todo weon por hacérmelo pasar tan mal a la hora de hacer esta selección. Esta jauría de perros vagabundos que buscan un hueso que roer, en un país que debe mejorar en muchos aspectos; la calidad del pienso, la ampliación y especialización de perreras, cuidadores, protectores y urinarios caninos. Sin pasarse, nada de peluquerías caninas y de colecciones de moda, eso son horteradas propias de la élite mundial.
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ESCULTURA – EVARISTO BELLOTI



Descalzo, los pies desnudos sienten el frío mármol de Macael. Unas incisiones recién nacidas en las blancas losas cosquillean mis dedos que se acostumbran a la temperatura. Las muescas se convierten en hondos surcos de formas ovaladas habitadas de agua. Charcos de interior. Como un niño chapoteo sobre las estelas de piedra con cuidado, algunas “cojean”. Sobre el pavimento averiguo el reflejo del exterior, me sitúa: estoy dentro. En el interior de un palacio abandonado, como el visitante de unas ruinas. Me alarma el tintineo de lágrimas de lluvia sobre el cristal del antiguo invernadero: me explico a mi mismo cómo puede estar el piso húmedo si no hay goteras: el agua cae desde debajo del suelo, brota de una alfaguara subterránea. Las nubes cuajan sobre la jaula de pájaros mientras investigo la matemática del oleaje que guía mis pasos. Alguien abre una puerta, abandono mis inquisiciones y salgo volando sobre el Parque del Retiro.
Seco mis pies en un acto que tiene algo de sacramento mientras repaso las anotaciones; la reminiscencia de la decoración estrigilada de los sarcófagos romanos no es azarosa. El mar pétreo instalado ad-hoc para el Palacio de Cristal no es un paisaje natural erosionado por los siglos: es obra de Evaristo Belloti, un arqueólogo de la poesía que talla imposibles; congelar el paso del tiempo. La huella del mediterráneo natal (gaditano) y el poso de la cultura clásica son tics inconscientes que gobiernan sus manos. Recoge de la costa los restos del naufragio de las mil civilizaciones que navegaron el mare nostrum.
Cuando uno intenta explicar la instalación se siente como el que desvela los trucos de un mago. No son más que unas acanaladuras, que en una secuencia preescrita se reproducen en unas placas de mármol con distintos diámetros y relieves. La obra propuesta por Belloti es sencilla pero eficaz. Porqué no llamarla simplemente escultura.
El Palacio de Cristal ya no es ese edificio escondido que sorprende a los turistas que “de paso”, ven algo de arte conceptual, sino una invitación diferente de arte contemporáneo, con obras que se benefician del entorno ofreciendo una experiencia sensorial, que piden a susurros ser invadidas no en bandadas; sino en soledad. Leer más...

FREDERIC AMAT



Un espíritu violento, travieso, vengativo invade el escenario de un teatro. Un fantasma de la ópera furioso y cabrón que retorna a la memoria para enfrentarse a la muerte. Sogas. Tras el telón algo concentra la atención de esa presencia.
Las sogas que hace que los decorados y las cortinas del teatro se muevan. Sogas que sube y bajan con fiereza, sogas negras que funcionan como vísceras de un organismo oscuro.
Tras el telón también hay focos, escaleras, decorados. Todo ello turbado por este director que se volvió loco, este actor que no puede zafarse de su último papel, este apuntador que se niega a seguir el guión. Enfadados regresan al escenario donde se representaron cien batallas y mil asesinatos. Fingidos o no, poco importa.
Abandonamos ese teatro camuflado para trasladarnos a la antigua cárcel de Carabanchel. Ahora no es uno, sino muchos los duendes juguetones que todo lo desordenan; sillas, mesas, escobas, etc…Un caos proveniente de unas almas sin sosiego, que no encuentran la paz ni siquiera una vez abandonaron las celdas. En otra dirección, las siluetas de unas cabezas aztecas reposan sobre estanterías: son las víctimas que miraron en una viaje a México a los ojos al que ahora nos perturba.
Lo que nosotros vemos, es decir, la huella que deja este demonio es esmalte y acrílico sobre linolium, un vídeo y fotografías. La Galería Álvaro Alcázar es un almacén de la obras de un persecutor o de un perseguido. A la salida del tinglado un corto vídeo nos lo presenta de la única manera posible. Una sombra, un perfil en negro, en este caso un actor en el momento del maquillaje. Se embadurna el rostro y lo deja marcado en la pantalla. Es la firma del autor. Ese espectro maldito nació en Barcelona en 1952, es un artista de esos que hacen mil cosas y se llama Frederic Amat. Llevaba varios años desaparecido (ya sabemos qué hacía) y en su vuelta nos descubre sus últimas creaciones; estrechamente ligadas a su profesión como escenógrafo y a su carácter viajero. Una obra cercana al arte conceptual de mediados de siglo, a lo documental y a lo mágico.
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ARTISTAS DE LA HELSINKI SCHOOL, AINO KANNISTO, RIITTA PÄIVÄLÄINEN.

Gracias a la ola de frío las imágenes de Aino Kannisto (1973) y Riitta Päiväläinen (1969) están como en casa. Un resplandor, un halo, algo conecta todas las fotografías de forma intangible. Una poética que tienen en común los artistas de los países nórdicos. Un retrato que huyendo de lugares comunes identifica la soledad, el aislamiento y el suspense, todo ello a muy bajas temperaturas.

Conocer el origen de estas dos fotógrafas nos ayuda a identificar ese “halo” que las conecta: la Helsinki School. El capataz de esa siderurgia es Timothy Persons, también artista y comisario, que consciente de la particularidad de sus alumnos se encarga de promocionar los paisajes helados, las miradas habitadas y los bosques oscuros de su ejército de camarógrafos por museos y galerías de Europa. La originalidad y la calidad de su producto justifican su empresa. En la galería Cámara Oscura podemos visitar a dos de sus mejores soldados.

Dentro de las similitudes, Aino y Riitta son absolutamente divergentes en sus propuestas. Las instantáneas de Riitta Päiväläinen son lo más destacable de la exposición; escenificaciones (preparadas) al aire libre de ropa que adquiere en mercadillos de segunda mano. Un kimono reposando en un bosque (¿su propietaria anda desnuda entre los árboles?), un bosque “habitado” por diez troncos vestidos, o un traje negro volando sobre un campo de trigo. Fotogramas (ya que existe una narración) de trajes resucitados (en su anterior vida estaban rellenos de personas) que adquieren vida propia como fantasmas en la naturaleza.

En cambio en los relatos (porque también hay una historia detrás de sus fotografías) de Aino Kannisto el protagonista es humano, y está vivo. También tenemos la certeza de que sufre, que está en una encrucijada. Son personas solitarias, encerradas en interiores, y que necesitan una respuesta. Una tranquilidad que contrasta con la tormenta interior que traslucen sus miradas. Esa persona es en realidad Kannisto, que en un juego de engaños no pretende hacer autorretratos, sino retratos de personas diferentes: ella cambia de peinado, de actitud y de personalidad. Son situaciones y personas distintas a las que las unen la desesperación o el abandono.

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Nico Munuera - Xuwan y No Flags


Dos galerías y un destino: ofrecer desde dos perspectivas distintas las últimas obras de Nico Munuera (1974). De las paredes de la Max Estrella cuelgan acrílicos sobre tela, que se basan en la línea vertical y en el contraste cromático. Todos englobados bajo el breve pero certero título No Flags, que corrige a aquellos que identifican esas franjas de color con las banderas de Italia, Francia o Bélgica. Aunque sean una versión de las enseñas de varios países, Nico representa el símbolo de una no-nación, de un no-universo, que es al fin y al cabo, lo que es el arte abstracto, un no-mundo.

Muchos señalan como relevante el viraje en la obra de Munuera, acostumbrado a la línea horizontal. Un giro que en mi opinión es de 360º; el cambio verdadero es más sutil y no se refiere al alzamiento de las líneas; es más de origen interno.

Las franjas que descienden son un ejercicio visual que parten de un planteamiento sereno, sin mayor pretensión que la de liberar la mente de inoportunos habitantes y acallar las voces que nos dictan la rutina. Igualmente hay que acudir predispuesto a la Galería La Caja Negra. También en este caso añade información el nombre de la exhibición, Xuwan, o “mano vacía”, que alude al estado ideal de la mano para poder pintar. La influencia oriental es obvia en sus dibujos y grabados, así como la ausencia de cualquier referencia figurativa. En Xuwan además muestra unas impresiones digitales, Lies, que son algo así como pruebas previas de color o muestreos que carecen totalmente de interés.

Ambas exposiciones coinciden en diversos dogmas; la desaparición de cualquier huella de la pincelada, y la impalpable insinuación de texturas dentro de la obra. El dominio técnico de Munuera es manifiesto.

En definitiva, una muestra coherente y completa que exige mucho al espectador. Las obras no van al abordaje ni lanzan destellos con luces de neón; el visitante ha de esforzarse para invadir un territorio ilusorio. Yo, que cuando visité las galerías andaba con la cabeza a pájaros, me aburrí como una ostra gallega.

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Duane Hanson - Hiperrrrrealismo social


Con cinco erres. Un hiperrealismo doloroso. Tan Hiper que hasta hace daño al realismo. Tan hiperreal es el brusco despertar del sueño americano que insinúan las derrotadas caras de las esculturas como hiperreal era el sufrimiento que suponía ser modelo para una de ellas. Duane Hanson (1925-1996) escogía a una persona que se tenía que depilar de arriba a abajo. Les cubría de vaselina, envolvía el pelo en cinta adhesiva y les hacía el molde. Al quitarles el molde muchos se desmayaban de dolor.

Pretendió, mediante la recreación de seres “reales”, de personas cotidianas desarrollando vulgares actividades, denunciar la ficción de la filosofía norteamericana. De una realidad tan ficticia que no es de carne y hueso, sino de poliéster.

Hanson está considerado como uno de los padres de esta corriente escultórica (que tan de moda está gracias a Ron Mueck). Comenzó su andadura artística sin sutilidades. La muestra de la Fundación Canal en Madrid (hasta el 24 de agosto) muestra alguna pieza de esos años; “Basura” o “Aborto” son una crítica directa y poco velada sobre la inhumanidad de la sociedad. Con el tiempo su obra fue evolucionando hacia una subversión moral mucho más tamizada. Tan solo las expresiones de sus figurantes pueden traslucir el significado de su trabajo.

Sus esculturas se hicieron famosas a partir de finales de los 80. Obreros, señoras de la limpieza, policías, ciudadanos realizando labores rutinarias…es la sublimación del hombre corriente. Con una estética que tiene sus antecedentes en el origen de los tiempos (la de imitar la realidad), pero con un objetivo bien distinto al de aquellas estatuas griegas cuyas marmóreas venas parecen latir o a las tallas cristianas vestidas con ropa de verdad y dotadas de pelo natural. Son las inmortales víctimas del volcán Vesubio; es la lava de la incomprensión y las cenizas del sinsentido existencial las que los han petrificado para siempre. No encontraremos en esa iconografía milenaria el gesto que sí hallamos en estas; esa mirada al vacío exterior, o al contrario; esa vista fijada en la saturación interior. Algo o alguien que hace que esa gente común pierda el hilo de la consciencia y se queden absortos. El espectador no puede más que ponerse a hacer un análisis hiperrealista para intentar encontrar las claves de esa alienación; ejemplos:

- “El Almuerzo”; uno de los obreros esconde en la mano un papel doblado. (¿la carta de despido? ¿la subida del gasóleo? ¿la paga mensual?)

- “Pareja de ancianos en un banco”; el reloj del hombre marca las 14:21:10 y el de la mujer las 14:21:30. (¿sus vidas no están sincronizadas?)

- “Estudiante de instituto”; carga con un libro; “Los principios de la gestión de finanzas”. (¡No entiendo una palabra del libro! ¿Cuáles son los principios de la gestión vital?)

- “Hombre con cortacésped”; se le acaba de terminar la cerveza. (¿debo dejar el alcohol? ¿la cerveza me hace más feliz?)

En definitiva, gente abstraída que se pregunta por su existencia. No caigamos en el error de pensar que la pérdida del norte en esta hiperconsumista e hiperartificial vida es exclusiva de los estadounidenses. Yo mismo, y eso que me abstraigo con gran facilidad, confundí a los espectadores de la expo con esculturas de Hanson; pero es que… ¿No estamos todos hechos de poliéster?

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Entrevista a Manuela Mena. Comisaria de la exposición "Goya en tiempos de Guerra"

Manuela Mena es la comisaria de 'Goya en tiempos de guerra' y Jefe de Conservación del siglo XVIII y Goya en el Museo del Prado. Hemos conversado con la responsable de esta muestra sobre esta magnífica nueva visión de la obra del pintor zaragozano. Una nueva oportunidad ofrecida a los espectadores para entender a un pintor técnicamente precursor de estilos (su pastosa y matérica pincelada, así como el pretendido descuidado en la exactitud de los detalles le sitúan como antecesor del impresionismo) y conceptualmente, iniciador de corrientes (como el romanticismo). Es considerado por su independencia y su visión de la realidad, el primer pintor moderno.Es difícil a estas alturas descubrir algo nuevo en la muy estudiada obra de Goya, pero gracias al trabajo realizado en esta exposición... ¿Hay alguna conclusión relevante? para el espectador que acude a la exhibición, ¿qué puede sacar del enfoque bajo el que se ha organizado la muestra?

Goya ha sido muy estudiado, pero los estudios del siglo XIX y principios del XX adolecen de la falta de rigor histórico-artístico de ese período de la historiografía española. Un toque romántico por un lado y profundamente nacionalista, en el peor sentido del término, han determinado que se tenga una visión sesgada de Goya, como hombre y como artista. Por ello, toda exposición preparada desde el rigor, de la relectura de la documentación y de la Historia, determina un mejor conocimiento del artista e ir desterrando los tópicos sobre su figura. Para el visitante interesado en arte se abre la posibilidad de entender que Goya pintó de igual modo, es decir con la excelencia de su arte, para todos los Señores de su tiempo, Carlos IV, Godoy, Fernando VII, José Bonaparte, Wellington, etc. Por otro lado, sorprenderán los ejemplos magníficos de pintura religiosa, ya que se tiene la idea generalizada de que era un descreído y de que su pintura religiosa era de peor calidad. En las fichas del catálogo es muy numerosa la nueva información, de interpretación y de datos concretos que se ha derivado de esta exposición y de la investigación llevada a cabo.

Sin duda muchos de los visitantes han acudido a la salas motivados o influidos por la fecha de la conmemoración del 2 de mayo... ¿qué la parece la relación que han querido establecer algunos (en su mayoría políticos) entre la exaltación del sentimiento patriota y los cuadros de Goya? ¿No cree que se han saltado el hecho de que Goya critica la brutalidad de ambos bandos?

Si, eso es cierto. Nosotros desde el Prado no entramos en las diferentes explicaciones históricas que dan unos u otros, según el signo político de cada uno en la actualidad. Desde el Museo sólo nos interesa estudiar en profundidad a un artista, en este caso Goya, para entender de qué forma se aproximó el a los hechos de su tiempo.

¿Cree que realmente mostró imparcialidad en sus cuadros y grabados, o se desliza en algún momento ciertas simpatías?

La palabra no es imparcialidad o parcialidad, sino objetividad. Si ponemos como ejemplo la Tauromaquia, creo que los únicos que salen bien parados son los toros, a los que presenta poderosos, nobles e irracionales por naturaleza, mientras que sus atacantes son muchos, brutales y crueles.


Algunos muestran a Goya como un artista mercenario, al retratar también a integrantes del gobierno afrancesado... ¿Dio muestras Goya de no tener un código 'ético'?


Goya era un pintor de su tiempo, algo que no tiene nada que ver con los artistas de ahora. Era desde muy joven un funcionario de Palacio, al servicio real. En esa condición su situación social no era muy superior a la de los bordadores, grabadores, y otros oficios de la corte. Su puesto de Primer Pintor de Cámara, que compartió con Maella, por ejemplo, indica que no era valorado por encima de otros. Tuvo siempre unas reglamentaciones muy estrictas, como todos los funcionarios. El cambio de dinastía no era una tragedia, era algo que estaba pasando en toda Europa, además. Los funcionarios juraron el nuevo Gobierno. La función de Goya era pintar lo que le pedían desde su puesto de Pintor de Cámara. Ese cargo era el escalón más elevado que se podía alcanzar, y no había muchas otras posibilidades de pintar fuera de la corte y los círculos de poder. Sirvió honradamente desde su puesto, como Moratín, por ejemplo, pero en su casa comenzó las series de dibujos y estampas, que revelaban sus propias ideas y sentimientos críticos.

¿Por qué Goya sigue fascinando a artistas actuales, como los hermanos Chapman? ¿Qué opina de la traviesa manipulación a la que someten sus 'Disparates' y 'Desastres de la guerra'?

No solo a los Chapman. Goya fascina a los pintores actuales, que ven en él muchos de los intereses estéticos y expresivos de ellos mismos. La belleza, entendida como perfección de la forma, de carácter renacentista, no tiene ya para el ningún sentido. No es la belleza lo que describe a los seres humanos, que es su interés máximo, por ello utiliza la fealdad, el expresionismo, para revelar la verdadera naturaleza de la Humanidad. A mi personalmente me encantan las travesuras de los Chapman. Su idea es que ni siquiera Goya es intocable, el arte puede demolerlo todo, incluido el arte mismo.

Por último, también su obra en tiempos de guerra es vista como una obra casi periodística, por su valor como crónica, pero... ¿realmente habría que darle ese valor? ¿Cree que sus trabajos son totalmente 'objetivos', o que hay cierta exageración de los hechos?

No, Goya no es un cronista, es un artista. En cada una de sus composiciones e imágenes no está relatando un hecho concreto o visto, sino que son todos la unión de muchos acontecimientos, unidos y reelaborados, para crear una imagen nueva, una recreación de la naturaleza, o de la realidad, pero no una copia de la misma. El cronista es una cosa, el artista otra, y Goya crea a la manera de los más grandes artistas del pasado, uniendo su conocimiento de la realidad, de los ejemplos del arte antiguo y de su propia imaginación, que es la capacidad más importante de un creador.
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"Goya en tiempos de guerra" - Museo del Prado

Hoy es jueves 1 de mayo del 2008. El alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón se hace paso entre una multitud compuesta por humanos (miembros de su partido, periodistas, simpatizantes) y artilugios diversos (cámaras de fotos, móviles, videocámaras). Todos expectantes de algún jocoso comentario sobre el estado de sitio en el que anda sumido el PP. El político medita las palabras que va a dirigir a la audiencia convocada en uno más de los numerosos actos organizados en torno al bicentenario del dos de mayo. Sin embargo, Gallardón decepciona a los asistentes y decide dirigirse, con doscientos años de diferencia, a un tal Francisco de Goya.No sabemos exactamente en qué estaría pensando su interlocutor, el artista español Goya (Fuendetodos, 1746 - Burdeos, 1828), el 1 de mayo de 1808. Seguramente se hallaría con el ceño fruncido y sin ganas de mirar por la ventana. Por eso decidió hablar, expresarse mejor, a través de sus obras. Goya en tiempos de guerra es una exposición que muestra los cuadros y grabados realizados por el zaragozano en aquellos días de furia y hambre.

La muestra que ofrece las salas del Museo del Prado ha agrupado las principales creaciones de Goya englobadas en cuatro bloques.

1794-1799

Goya es uno de los artistas que han hecho que yo me quiera dedicar a esto del arte. De pequeño me gustaba ojear los libros de la estantería de casa. Entre ellos, había una enciclopedia de arte. De sus láminas, las que más me impactaron fueron las pinturas negras de Goya. Años después visité el Prado, y tropezándome con los turistas, con la mirada pegada al plano del museo, caminaba intentado llegar cuanto antes a la sala que exhibía las obras de aquel período. Al fin llegué. La fascinación aumentó, así como un interrogante... ¿Quién pintó estas endemoniadas obras? ¿Qué clase de pensamientos podría tener el autor de este Saturno devorando a sus hijos?

Goya en tiempos de guerra responde de manera muda a mis cuestiones. Las enloquecidas y brutales pinturas negras son una evolución lógica de su obra, y su obra, una consecuencia de la convulsa época que le tocó vivir a un artista con una sensibilidad distinta.

En 1793 Goya regresa a Madrid tras recuperar un poco su frágil salud en Cádiz. La enfermedad le había dejado prácticamente sordo. Su estado personal y los acontecimientos históricos como la Revolución francesa o la ejecución de Luis XVI cambiaron la forma de ver el mundo al artista. Dio un giro a su arte y surgió en su imaginario una visión ácida y crítica hasta entonces velada. En su serie Los caprichos, por medio de metáforas fácilmente entendibles, denuncia la debilidad moral social y censura los vicios humanos de la gente de su tiempo.

Los acontecimientos históricos de aquellos años así como la forma de reaccionar de la sociedad ante las adversidades operaron en el artista una transformación; a partir de entonces crecerá su necesidad de crear al margen de los encargos para poder expresar su opinión y su reprensión ante lo que sucede a su alrededor.

Sus imágenes de locos, de brujas y de demonios marcan una ruptura con la corriente de sus años; La Ilustración; decisiva y visionaria es su sentencia; Los sueños de la razón producen monstruos, con la que cuestiona el exceso de racionalidad de los ilustrados y alude a un componente de la mente humana por entonces desconocido; el poder del inconsciente.

1800-1808

La historia evoluciona de manera abrupta y violenta. El ascenso al poder de Napoleón cambiará el destino de gran parte del mundo de manera definitiva. En España, el panorama no puede ser más desalentador; la guerra contra Inglaterra y la derrota de Trafalgar, que desencadenó el motín de Aranjuez y la posterior invasión napoleónica dividió a un país descontento con la realeza y que estaba pasando hambre. Para un artista en el que ya se había sembrado la semilla del compromiso moral y del ver más allá, todo este nuevo y desquiciante universo no hará sino reforzar su necesidad de gritar, de desenmascarar la verdad a través de los lienzos. Sin embargo, Goya no dejó nunca de ser bien considerado por la aristocracia, la nueva burguesía y la nobleza. Muchas veces los espectadores han infravalorado su trabajo de encargo. No reparan en la calidad y sobre todo, la ruptura que suponen sus retratos con respecto a los otros posados de la época. Goya, dentro de los límites que establece el retrato de una personalidad, usa la imaginación y la creatividad para introducir variaciones en el género. El estudio psicológico de sus retratados motiva el éxito de sus cuadros. Aumentan sus clientes; La Marquesa de Santa Cruz, los Condes de Fernán Núñez, La Condesa de Chinchón, Manuel Godoy, la Marquesa de Villafranca, Manuel García de la Prada, y desde luego, la familia real.

1808-1814

La Guerra de la Independencia sorprendió al artista en Palacio. Goya era el Primer pintor de cámara en la época de los borbones y lo seguiría siendo tras la irrupción de la invasión napoleónica en los salones españoles. José I le concedió la Orden Real de España y él correspondió retratando a varios miembros del gobierno afrancesado.

Además de este trabajo remunerado, Goya retomó su obra independiente; por supuesto, impregnada por las sensaciones que le provocó la guerra. Su amarga visión del conflicto que partiría para siempre al pueblo español quedó reflejada en su serie Los desastres de la guerra. Conoce los entresijos que iniciaron la maquinaría de la guerra, tiene contactos con ambos bandos y visita en primera línea las consecuencias de las brutales hostilidades. Y su testimonio artístico es neutral; el condena la violencia, el horror de aquella terrible época, y denuncia a ambos contendientes por igual, no toma partido. Doscientos años después la conmemoración de esta masacre coincide con el Día de la Comunidad de Madrid. En el atril continúa Gallardón , que persiste como le dejamos, ordenando sus apuntes para dirigirse a Goya de tú a tú. El día anterior estuvo dándole vueltas al discurso. Embebido por la proliferación de actos que homenajeaban a los héroes del levantamiento, pensó en redactar su disertación en castellano antiguo, utilizando el modo de hablar que seguramente usaría Don Francisco de Goya y Lucientes el mismo 2 de mayo de 1808. Como si el acercamiento en la jerga facilitara que su mensaje fuera captado por su lejano receptor. Tras meditarlo mucho tiempo, tomó una decisión. Alberto Ruiz Gallardón mueve los labios, se acerca al micrófono...

1814-1820

Los bodegones que realizó en la etapa anterior muestran cabezas de carneros, animales muertos, las señales de la matanza...todas las imágenes guardan un mensaje común; la muerte. Finaliza la guerra de la independencia y regresa Fernando VII del exilio. Se consuma la Constitución Liberal de 1812. Lo esperado, es decir, que tras la tempestad llegue la calma, no ocurre así. Más bien al contrario, los ánimos en España se asemejan a un ambiente previo a una guerra civil.

Goya, cuya febril actividad permanece ajena a la violencia histórica que se desarrollaba más allá de su taller, pinta cuadros de carácter religioso, como el solemne Última comunión de San José de Calasanz, una nueva serie en la que manifiesta su filosofía, totalmente contraria a la moralidad de sus coetáneos, Los Disparates, y una serie de temática novedosa; Tauromaquia, en la que de manera metafórica condena de nuevo la brutalidad del ser humano.

Y es en 1814, una vez alejado de los encargos del gobierno afrancesado, una vez finalizadas las hostilidades de la guerra, cuando Goya hace ejercicio de memoria y pinta dos enormes lienzos basados en el dos y el tres de mayo.

Ambas telas han sido restauradas para esta exposición. Han recuperado su color la sangre de los muertos y heridos que yacen en el suelo pisoteados por las bestias. El brillo de los ojos de las únicas miradas humanas, las únicas expresiones de perplejidad y de miedo de las escenas: las de los caballos. El nítido perfil de los soldados franceses situados en línea y ocultando su rostro, prestos a ejecutar a los retenidos; es una maquinaria anónima de matar. Han regresado las líneas, los fondos y los matices, pero puede que muchos sigan viendo estos dos cuadros de manera confusa y distorsionada.

Los asistentes a la convocatoria de Gallardón sonríen al orador que al fin verbaliza sus pensamientos. Pronuncia mientras se detiene democráticamente en la mirada de los asistentes. Realmente no se dirige a esos ojos, sino a los del pintor Goya;

"España os estará siempre agradecida por la inmortal lección y el testimonio que nos ofrecéis con estas pinturas. Y muy principalmente Madrid, donde habéis desarrollado arte tan excelso para gloria y orgullo de nuestra nación, tan expuesta entonces a caídas y vencimientos. Estoy seguro de que el espíritu animador de los trabajos del pintor acompañará los madrileños en la celebración del heroísmo y la lucha por la libertad, hace dos siglos, del pueblo madrileño".

El político se da media vuelta dirección a otro acto conmemorativo del 2 de mayo. La gente continúa aplaudiendo.
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Jon Mikel Euba - Condensing Velázquez


Galería Soledad Lorenzo, Madrid
Hace tres años un artista encontraba el desamparo en la sala dedicada a Velázquez en el Prado. Los cuadros del maestro del siglo XVI estaban dispuestos de una manera totalmente distinta a como estaban originalmente concebidos.En lugar de situarse varios metros por encima de las cabezas de los espectadores, los retratos ecuestres de la realeza se mostraban casi a ras de suelo, con lo que las variaciones ejercidas en su día para disponerlas en su espacio original (tales como añadido de trozos de lienzo, deformaciones en el tamaño, etc…), el Salón de Reinos, quedaban al descubierto ante la obscena mirada del pueblo llano. El dispositivo destinado a representar el poder quedaba anulado en la angosta sala del Museo del Prado. Sin embargo, el artista en cuestión no quedó decepcionado por la descubierta humanidad de los nobles, sino que surgió en él la necesidad de descomponer, deconstruir, penetrar y traspasar los óleos de Velázquez.
El artista víctima de esta obsesión es Jon Mikel Euba (Bilbao, 1967), que desde aquel aciago día de 2004 hasta hoy no ha parado de darle vueltas al asunto. Tantas que al final ha acabado un tanto mareado.
El punto inicial es interesante. No es el primer artista contemporáneo que queda subyugado por la imaginería de Velázquez (Picasso, Dalí) pero si el primero que lo hace desde un punto de vista conceptual. Euba descompone las imágenes en cubos. Posteriormente estos prismas acabarán encima de los personajes de los cuadros originales, ocultando prácticamente toda la figura, o incluso, en un alarde de compresión, los cubos se independizan y acaban formando la obra de manera autónoma. Lo que vemos es un resumen (de ahí lo de condensing) de todas las ocurrencias que han ido surgiendo en estos años a raíz de aquella visita; desde performance con caballos incluidos, pases de diapositivas, etc…Lo que en principio parecería un ataque de un cubista feroz contra el genio barroco es una recopilación de las conclusiones obtenidas. Posiblemente las anteriores experimentaciones, tomadas como proyectos asilados, serían más interesantes, pero la compilación de todas ellas, aparte de la sobredosis intelectual que te tienes que inyectar para entender algo, es un aburrimiento absoluto. Salí de la galería como el pobre Velázquez, con mi cerebro condensing.
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Internet kills the gallery star.- Entrevista a Miss Aniela


Miss Aniela es un producto surgido de la red de redes. Una chica de 21 años sin ningún currículo artístico cuya escuela su museo han sido los blog, flickr y los sitios web. La Galería Cámara Oscura de Madrid es consciente de que no puede ser ajeno a esta revolución en el arte (que también afecta a la música, al cine, y en breve a la literatura). Ha incorporado en su plantilla de artistas (muchos de ellos estarán como hidras) a esta joven inglesa surgida del espacio virtual. Miss Aniela realiza fotografías en las que la protagonista es siempre ella. Imágenes en las que aparece posando, muy atractiva, y en ocasiones multiplicada. En una estética similar a la de los anuncios publicitarios de ropa y una textura parecida a la de los lienzos de los maestros barrocos holandeses. Sin duda la técnica es impecable, y muchas de sus fotografías -digitalmente manipuladas- por su aire onírico y su carácter narrativo, son muy sugestivas. Otras no pasan de ser una evolución 2.0 de los postureos fotologeros.
Hablando con Aniela (solo una) en dos dimensiones y sin manipulación digital de por medio, me confesó sus impresiones acerca de su experiencia en la galería;
-¿Por qué siempre apareces tú en las fotografías?
-Realmente hay unas pocas razones, he pensado mucho sobre ello. Mi razón principal es que probablemente tengo más control sobre todas las cosas. No hay ningún compromiso, no dependo de otra gente. Especialmente porque la imagen soy yo misma, me convierto un poco como una espía. Es algo muy personal.
-¿Qué opinas de la diferencia entre ser vista en una galería o en Internet?
-Es muy extraño porque obviamente ves a gente mirando tu obra, pero en Internet hay millones de personas, aunque no las puedes ver. No son como personas reales, están simplemente mirando la pantalla. La gente que va a las galerías es muy poca, pero es muy interesante ver a la gente cara a cara, a veces no sabes muy bien que está pasando, quienes son…
-¿Crees que el espectador es diferente también?
-La gente en Internet están más tentados a insultar, yo me expongo a eso. Pero los que van a la galería vienen más expectantes, es agradable verlos mirando tus imágenes en la pared.
-¿Te sientes cómoda en el circuito del arte contemporáneo?
-Para mi todo esto es nuevo, no estoy acostumbrada. Mucha gente se acerca, revistas…Es extraño cuando eres entrevistada, porque el entrevistador crea noticias sobre ti, tienen mucho control sobre ti. Pero a veces es divertido, como ahora contigo.
-Tú trabajo ha adquirido importancia gracias a Internet. Existen voces que no son favorables de esta nueva manera de acceder al arte contemporáneo ¿Estás de acuerdo con ellas?
-La gente no quiere que Internet forme parte del arte contemporáneo. Creo que están un poco asustados, de la novedad, de este nuevo fenómeno en el que literalmente todos pueden exponer su trabajo.
Pues eso, susto…o muerte.
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El arquitecto guerrillero


En medio de la noche aparecen unos siniestros personajes en un parque sevillano. Encabezados por un tipo armado con una escalera, constituyen una especia de guerrilla urbana (mejor dicho, urbanística). En muy poco tiempo, tal y cómo estaba planeado, montan una especie de enorme crisálida en un árbol. ¿Qué es? Una solución habitable temporal unifamiliar. El tipo de la escalera, el cabecilla de la legión es, aunque no os lo creáis, un arquitecto.
Santiago Cirugeda (Sevilla, 1971) lleva muchos años subvirtiendo el orden innatural de lo establecido. Consciente como somos todos de la extendida corrupción urbanística imperante, la más que significativa pasividad de los políticos y la inacción de la mayoría de los afectados, ha tomado una decisión. Pensar en su oficio no como una oportunidad de hacerse rico y responder una duda ¿Para quién es la arquitectura? Respuesta; para jóvenes y no tan jóvenes que no pueden permitirse pagar un piso. Esto, que aunque parezca mentira es ya una proeza, es sólo el prólogo de su historia. Cirugeda pasó a la acción.
De pequeño le gustaba jugar en los columpios. Como en su Sevilla natal prácticamente no existían, se dedicó a recoger basura para transformarla en algo útil. Quizás fuese ese el germen de su rebeldía; yo me inclino a pensar que fue el golpe que se dio en la cabeza con el libro de Thoreau Desobediencia Civil.
Su forma de trabajar no es la de un arquitecto al uso -y al abuso-. En primer lugar, recorta los gastos de una construcción; materiales de deshecho, reciclados, basura. Mano de obra; voluntarios y en otros casos, el mismo inquilino es el constructor de su casa. El suelo (sin duda, lo más caro); aprovechamiento de vacíos legales y físicos (solares, descampados, azoteas) para el levantamiento de viviendas de carácter temporal.
Para saltarse las prohibiciones reglamentarias ha tenido que aprender de leyes tanto como de arquitectura. A pesar de las múltiples denuncias, hasta ahora no ha perdido ni un caso. Repudiado por casi todos sus colegas (¿se podrán reciclar arquitectos?), admirado por parte del circuito artístico por la originalidad y la calidad de sus propuestas, y desde luego, amado por los beneficiarios, este Quijote de la escuadra y el cartabón es todo un especulador. Especula con la utopía, con que haya personas que sigan sus pasos, con llamar la atención de los de arriba (los que tienen lo de abajo; el suelo), con cambiar la fisonomía de las ciudades y de la mente de los ciudadanos.
Un arquitecto comprometido (añádanse exclamaciones al gusto) que ya ha realizado un montón de proyectos; ha creado mobiliario urbano, columpios y zonas recreativas para niños con barreras de obras, y bancos hechos con pivotes. Casas que puede autoconstruir una sola persona en azoteas. Ha destruido carreteras inutilizadas recuperando terrenos naturales. También ha convertido en habitables contenedores industriales, transformado vallas en aparcabicicletas e incluso convocado botellones de agua. Todas sus peripecias quedan registradas en su sitio web recetasurbanas.net, donde el Doctor Cirugeda ofrece tratamientos a domicilio para que cualquiera pueda curarse de la epidemia hipotecaria.
Su radical propuesta tiene acérrimos seguidores que le encargan proyectos oficiales. Uno de ellos es el llamado Prótesis Institucional, la ampliación del Espai D'art Contemporani De Castelló (EACC). Unos anexos que parecen brotar el antiguo edificio, que, utilizando un lenguaje arquitectónico desapacible con materiales de deshecho (módulos de hormigonado), pretende invocar un debate sobre el espacio museístico y su responsabilidad urbanística.
A pesar de los encargos, no abandona la guerrilla y de hecho, su intención es la de formar un buen ejército. Imparte talleres donde enseña a construir viviendas montables tipo Ikea, a aprovechar resquicios legales para cambiar unas leyes que favorecen la especulación y sobre todo, a cambiar la perspectiva de los futuros arquitectos.
La vergüenza del gremio.
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Informativos de La Sexta, 1-6-2008



Pieza producida, redactada, editada y locutada por Juan José Santos. Emitida el 1 de junio de 2008 en los Informativos de La Sexta Noticias.
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mauricio garrido-gold



Galería Moro (Santiago de Chile, Chile)
Estoy pensando en el Salero y Pimentero de Francisco I, obra de 1543, de Benvenuto Cellini. Un alarde de oro, plata y esmalte que utilizaba el rey francés para sazonar su faisan au foie gras. Creado como un alarde de poder y riqueza ante los comensales en los banquetes de la corte real. Las pequeñas esculturas de Mauricio Garrido (Santiago de Chile, 1974) intentan también impactar en los comensales-espectadores, aunque de otra manera. Realizados con materiales de deshecho, son una materialización de las perturbaciones ideadas por el artista tras una reciente estancia en Pekín. Garrido se trajo, como todo turista que se precie, el típico souvenir horrible e inútil empanado en una imitación del oro (como el gato neo nazi ese que mueve la pata, el que se vende en los “Chinos”). Al parecer en el transcurso del viaje el recuerdo mutó en una especie de objeto irónico, una parodia perturbadora cuyo destino no es decorar, sino dar miedo.

La fauna está siempre presente, como en los pequeños caballos dorados que cabalgan en el interior de una calavera invertida, o como con el elefante azul que nos da la bendición en una clara caricatura del budismo. Pero es sobre todo la religión cristiana la que es objeto de burla en obras como “El árbol de la vida”, con la aparición de un cristo negro en actitud cariñosa con otro blanco.

El sacrilegio es uno de los juegos favoritos del artista, pero la reflexión se dirige sobre todo al valor, utilidad y a la estética de los elementos ornamentales que pueblan nuestros hogares, tanto los que lo hacían en los palacios en el Renacimiento, como a las baratijas de plástico de hoy en día.

Mauricio Garrido es un artista multidisciplinar, y no se ha limitado únicamente a producir estos aterradores iconos. Dos collages y un tapiz completan la muestra que convierte a la galería en una recreación ácida de los “Todo a un euro”. En ellos, de nuevo lo religioso y el horror vacui se dan la mano gracias a diversas analogías perversas, como la irrupción de unos osos panda gigantes en un paisaje idílico oriental.

Mejor será que en China no se enteren de esto. Por el bien del equipo olímpico chileno.

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Alfonso Brezmes.- Pequeñas Pasiones

Galería Cámara Oscura, Madrid.

Cinco exposiciones individuales desde 1994. Lo que podría parecer un indicio de pereza es todo lo contrario. La complicación técnica de las impresiones digitales de Alfonso Brezmes (Madrid, 1966) implica tiempo y mucho esfuerzo. “Pequeñas pasiones”, su última serie, se compone de varias imágenes, siempre habitadas. Diminutas figuras humanas invaden paisajes urbanos o naturales componiendo situaciones imposibles, deudoras del realismo mágico.

La dificultad de la creación de estas instantáneas es máxima; en primer lugar, fotografía las personas que van a aparecer en las escenas. Las recorta y las traslada físicamente a los paisajes que van a servir de telón de fondo. Una vez situadas, fotografía el paisaje con la maqueta, y tras algún que otro retoque digital, las imprime.


Puede que esta aventura tan paciente dote a las imágenes de ese aire onírico, surrealista que impregna cada pieza, puede que sea simple sugestión. Lo cierto es que cada una de las fotografías, con su combinación realidad-fantasía parece contarnos una fábula distinta, una narración. Aquí nos enfrentamos al Brezmes literato (también es escritor), al cuentista que nos transporta a un universo en el que una joven juega al escondite en un bosque nevado, un grupo de nadadores se lanzan al agua desde una cremallera gigante o un viajero recorre una ciudad abandonada. Un conjunto de sombras baila sobre unos cables de alta tensión, y en otro acto un hombre se desespera sobre una pila de libros, “El mundo en la cabeza”. La inserción de episodios mitológicos, como el de Ulises, en la cotidianidad de un aclarado de vaqueros (en “La huída de Ulises”) es otra de las licencias de este tergiversador de la realidad.

El poder de evocación de los desvaríos de Alfonso Brezmes hace que el espectador predispuesto a dejar las prisas disfrute no sólo de una bella imagen, sino que le puede inspirar un relato único a raíz de lo visto. Con la total libertad de comenzar el relato por el inicio, la mitad o por el final, ese es el misterio de estos poemas visuales.

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El nuevo arte holandés en la Galería Luis Adelantado


El espacio muestra la obra de diversos artistas contemporáneos

La Galería Luis Adelantado muestra durante estos días las obras de cuatro artistas bajo el título “Against Nature“ (Contra natura). Tienen en común el hecho de que los cuatro, aún proviniendo de distintos países, trabajan actualmente en Holanda. Un denominador común bastante poco interesante, más aún cuando comprobamos que entre ellos no hay nada que los una, ni estética ni éticamente. Quizás el título sugiera ese nexo que los enlace, pero el concepto “contra-natura” es tan amplio que puedes colocar cuatro artistas cualquiera juntos bajo ese mismo epígrafe y encontrar siempre un sentido.Vayamos a lo positivo de la exposición, que, a pesar de que falla en su concepción, es mucho. Lo son por ejemplo las irónicas esculturas de Folkert de Jong (Egmond aan Zee, Holanda 1972), basadas un trágico suceso nacional, el asesinato de Willem van Oranje, y en la época de la invasión española en Holanda. Son temas históricos pero las esculturas no están tratadas como corresponde en este tipo de temática; el material no es noble (materiales aislantes trabajados de manera deliberadamente chapucera), tampoco los chillones colores o las poses burlescas de los personajes. La escultura que da la bienvenida al visitante, la que recrea cinco figuras de invasores españoles divirtiéndose, bailando y riendo (a pesar de que cuatro de ellos tienen el cuerpo atravesado por una viga rosa) impacta a la primera vista. La intención caricaturesca y sarcástica de Jong puede dar pie a pensar que los cinco invasores sufren la venganza del holandés. Sea cual sea la reflexión de Jong, su perverso juego artístico justifica la visita a la galería.

Pero aún hay más sorpresas agradables; Delphine Courtillot (Paris, Francia 1972) se inspira en el movimiento pictórico de “Les Nabis” que tuvo lugar como reacción a la aparición de la fotografía entre finales del siglo XX y principios del XX. La ausencia de realismo que tanto ansiaban los “Nabis” (con Pierre Bonnard a la cabeza) es recreado en fotografía por Courtillot de manera particular. En sus instantáneas, varios personajes, siempre anónimos, buscan, espían algo o a alguien. La sensación de misterio y secretismo se une a la estética, onírica y surrealista, que definitivamente va contra natura. Las fotografías de Courtillot nos transmiten silencio y nos hacen imaginarnos un relato, una historia, además de ser de una factura impecable. Constituye junto con algunas de las imágenes de Monica Ragazzini (Italia, 1969) la propuesta más atractiva de la colectiva.

La italiana Ragazzini exhibe una serie de fotografías, “Angels”, unos niños y niñas retratados con una extraña particularidad; están de espaldas a la cámara. Unos ángeles sin rostro a los que no se les ve las alas. También inquietante es su fotografía “The void” con un personaje escondido tras un albornoz. El anonimato de sus figuras es simbólico y al igual que en las fábulas de Courtillot, la quietud y el silencio dotan a las imágenes un aire surrealista.

La colectiva se completa con la obra de Fendry Ekel (Jakarta, Indonesia 1971), una propuesta más conceptual que estética. Recrea con pintura esculturas de Arno Breker basadas en “El Juicio de Paris”. Según la mitología griega, este juicio fue la antesala de la fundación de Roma. Fendry Ekel quiere rescatar estas esculturas por motivos morales; Arno Broker quiso paralelizar el nacimiento de un imperio, el romano, con la época nazi, de la que él era simpatizante.

Esta es la propuesta de Ekel, que más allá de la anécdota histórica, poco tiene que aportar; sus obras no ayudan a reflexión ni estimulan al espectador, que tiene que conocer sus intenciones de otra manera para poder entender la idea del indonesio.

Son las desiguales cuatro sugerencias de la Galería Luis Adelantado, que continúa mostrando lo mejor del arte contemporáneo en su espacio con una línea expositiva coherente y de calidad, aunque en esta ocasión haya, tal y como hemos visto, algún aspecto mejorable.
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Otto Dix, “Retrato de Hugo Erfurth”, técnicas y secretos


El Museo Thyssen disecciona el retrato de un renacentista del siglo XX

La serie que ha puesto en marcha el Museo Thyssen, “Contextos de la colección permanente” pretende estudiar en profundidad varias obras de arte de su catálogo. Sirviéndose de los últimos avances tecnológicos en análisis de cuadros, un grupo de especialistas realiza radiografías, macrofotografías, etc… Toda una revolución en la historia del arte que permite conocer qué hay debajo de la pintura.

En esta ocasión el paciente es el “Retrato de Hugo Erfurth” (1926), de Otto Dix. Partiendo de esta obra, y gracias a esos nuevos métodos de análisis, podemos tocar diversos aspectos;

El primero de ellos, la relación especial entre el retratado y el retratista. Otto Dix, el pintor, y Hugo Erfurth, fotógrafo, eran buenos amigos. De hecho retrataban, ambos en su modalidad, a los mismos personajes. Esta relación se ha querido ver como la coexistencia en los primeros años de la fotografía de la pintura y la nueva modalidad. Según nos explica una de las comisarias de la exposición, Paloma Alarcó, esta relación entre ambos no es de rivalidad. La fotografía como sabemos, supuso un golpe a los artistas que pintaban la realidad de la manera más fidedigna posible. ¿Para qué pintar la realidad si ese nuevo invento podía materializarla tal y como era? Para Otto Dix la fotografía en cambio no supuso tal trauma. Estéticamente, sus obras están bastante apegadas a la realidad, aunque con un matiz que la realidad no ofrece; la ironía.

Y gracias al análisis de la técnica, queda claro que para Dix el modus operandi es tan importante como el motivo (lo sabemos por ejemplo, por el hecho de que describía el proceso de realización del cuadro en la parte posterior del lienzo). Otto Dix pintaba como los maestros renacentistas alemanes que más admiraba, Durero y Cranach. Hacía mucho tiempo que existía el óleo pero él se decantaba por la complicada y laboriosa técnica medieval. Tanto es así que un coetáneo suyo, el artista George Grosz, se refería a Dix (no sin sarcasmo) como Otto Hans Bandung Dix (en referencia a otro detallista maestro del Renacimiento).

Por lo tanto para Dix la fotografía no suponía un rival, sino una modalidad diferente que conseguía resultados parecidos. No solo no rechazaba la fotografía sino que se inspiraba en ella, y casi siempre en las instantáneas de su amigo Erfurth.

Antes habíamos hablado de que la obra del alemán no está carente de ironía. Y así lo demuestra en el retrato a su amigo el fotógrafo. Lo inmortaliza con un perro. Para Paloma Alarcó existen dos explicaciones; “puede que quisiera compararle con los retratos de gente de la aristocracia, gente que solía retratar Erfurth, y para ello lo pinta con un perro. Recuerda a los grandes retratos de la aristocracia en los que aparece un perro al lado del retratado”. Puede por tanto que exista en esta inclusión un tono burlesco, la equiparación de un fotógrafo que se codeaba con la aristocracia con la propia aristocracia que representaba en sus fotografías. Conociendo la tendencia de Otto Dix hacia el sarcasmo, es más que posible. Pero ello no es incompatible con esa amistosa relación, de la que, según Alarcó, ambos se beneficiaron; “Dix del manto protector de Erfurth, que le conseguía clientes, exposiciones, fotografías para los cuadros”.

Este cuadro responde a la pregunta de porqué a Otto Dix se le considera el padre de la llamada “Nueva Objetividad”. La recreación en los detalles, como en el anillo del dedo o en la textura de la corbata o en el cabello del retratado así lo indican. Esta obsesión por el detalle es también un signo de rebeldía, ya que en aquellos años la tendencia predominante era el expresionismo. Esta recuperación del Renacimiento fue adoptada por diversos artistas, que se han agrupado bajo el epígrafe “Nueva objetividad”. Sin embargo, como Paloma Alarcó subraya, “lo que para ellos fue un paréntesis en sus carreras, ya que luego derivarían en otros estilos artísticos, para Dix fue una pauta estética de toda su carrera, excepto unos breves años al final de su vida”.

Otto Dix, un renacentista del siglo XX que ha desvelado sus secretos gracias al análisis de los expertos del Thyssen. Aún pueden aprovechar para visitar esta exposición que estará vigente hasta el 18 de mayo. Nosotros estaremos atentos de cuál será el nuevo paciente que se tumbe en las camillas del Thyssen.
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